26.5.11

LA MASCARA DE MISHIMA

Poema en prosa publicado
 en la revista Luces y sombras
Nº 19  Navarra, 2002

No pienses apenas. Ciégate de preguntas y sella tus poros con niebla. Te oirás mejor desde dentro; pero sobre todo no te lamentes en los muros, ni escribas tus soliloquios en las murallas. Olvídate del sol y borra su sonrisa: jamás saldrás de este túnel. Recuerda que está prohibido soñar entre horas, pero no te preocupes: sólo tendrás que copiar al dictado sus palabras, coma por coma, punto por punto; pues cada palabra es un ángel menos. Tu señor no tiene rostro, sólo una máscara de acero. Sus ojos, dos charcos de sombra, un miedo verde y un último espejo. Él te llamará por las noches con voces diferentes. Oirás crujir cráneos y cristales en punta. Tú responderás a cualquier nombre como rama sumisa la viento. Vivirás entre monosílabos y ecos de pulgas. Irás tras él con la lengua fuera besando cada mota de polvo que impriman sus huellas. A su lado volverás a ser de nuevo un escombro más en la sombra. Cuando le sueñes, él te atará con juncos a las piedras. Te pondrá un cilicio de hierro para que cumplas con el rito sagrado del silencio. Te azotará con restos de lluvia y tras unas vidrieras mirará ,complacido, cómo tus labios sangran a borbotones, cómo tu grito se hace música en el agua sucia que dejas. Los perros se perderán en tu piel. Por más que supliques, él pisoteará tus plegarias. Pinchará tus párpados con escorpiones. Exprimirá el cuello hasta el vómito o el vértigo. Te arrancará de raíz el hígado y lo colgará con garfios para que duerma con los murciélagos. Luego te serrará la mano del pecado y la meterá en un saco con siete gatos en celo. te marcará a fuego lento con el nombre de la bestia y así irá levantando heridas una tras otra. Te dejará en escamas. Acaso indulgente golpeará el viento de los cipreses para que puedas beberlo. Después de castrar los relojes, te irá saeteando cada segundo. Él entrará y saldrá de ti cuando le parezca. Te abrirá en dos como un mar rojo con un puñal cansado. Y tú arderás en arpegios, sudarás escarcha, aullarás el vacío y tu sangre estallará retorciéndose detrás de cada tiempo. Cuando tus ojos se hielen, entonces estarás libre de la locura. Las caricias tenebrosas te secarán como un espejo. El dolor te moldeará como dúctil barro que eres, a su imagen y semejanza. Por fin verás la luz ansiada a través de las lágrimas rojas. Cuesta creerlo al primer beso, pero todo es más fácil al ritmo de las espuelas. Él será el único que pueda amarte. Tan celoso que te dejará limpio en los huesos. Por eso algún día se cansará de ti y te arrojará contra el suelo como una camisa manchada. Cuando menos te lo esperes te guillotinará con los dientes, brindará con la leche negra del alba su victoria; pero antes de marcharse te besará por última vez como un soldado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario